Unas bragas rojas

Dicen, que para tener suerte en el nuevo año, es importante llevar en nochevieja ropa interior roja, véase para mujer, un tanga, una braga, una braga-faja, un culotte, ó unos gayumbos en cualquiera de sus modalidades, para los hombres.

Lo que para unos es tradición, para otros es pura superstición, el caso, es que ayer, en mi afán por dar lo mejor de mí para terminar el año y empezarlo con buen pie, me hice con unas bragas rojas en el último momento. Pero en el último, último, porque ya íbamos camino de casa de mis padres y un letrero luminoso llamó poderosamente mi atención. El nombre de la tienda y las horas que eran hacían presagiar lo inevitable, era un todo a cien oriental.

Entré por la puerta y busqué la zona de lencería fina (ejem). No fue difícil, los chinos son muy listos y usan buenas estrategias de marketing. ¿Que es Halloween?, te ponen botes de sangre en el mostrador. ¿Que son carnavales?, te ponen los disfraces pegados al cristal de la puerta o escaparate. ¿Que es navidad?, te ponen la ropa interior colorada nada más entrar, para que la veas bien. Y así fue, la ví de inmediato. Respiré tranquila al ver que no era la única en semejante tesitura, un chico treintañero miraba con esmero un bóxer rojo con papá noeles. Me acerqué, miré los tres modelos disponibles para féminas y elegí sin pensar. No, porque la cosa estuviera clara. Que no. Sino, porque si lo hubiera pensado más de dos segundos hubiera mandado la tradición a la porra.

¡Qué espaaaaaaantoooooooo!

Lo confieso: eran bragas de pornochacha. Con transparencias, volantes, puntillitas y un lazo con brillantes (la imagen destacada no hace justicia a semejante chabacanería). Pero qué hacer cuando la presión de la buena suerte anual está delante de tus ojos convertida en braga, tanga ó culotte pornochachero. Y, haciendo uso de mi lado más racional sabía que adentrar el culo en cualquiera de las dos últimas opciones debía ser lo más parecido a estar en el infierno aquí en el mundo terrenal.

Así que, la decisión estaba clara.

Me imaginé con las bragas puestas, y entre ataque de risa y miedo pagué un euro ochenta por ellas y salí disparada al coche.

Un auténtico cuadro.

Eso me pasa por dejarlo todo para última hora. De camino a la cena familiar iba rezando a mí manera.

Que no me salga urticaria.

Por el amor de un dios, 

por el amor de un dios. 

Que no me pique nada.

Por el amor de un dios,

por el amor de un dios.

Braguita, braguita,

sé buenecita y,

no me des guerrita.

Gracias a mi canto gregoriano, cumplieron su función, sin embargo, aprendí una lección importante: las bragas de los chinos NO pican pero SÍ destiñen. 

Y, destiñen mucho.

Mi pandero rojo y yo le dimos una buena bienvenida al 2014.

¡Feliz Año!

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s