Mi gozo en un pozo

Ayer empezaron oficialmente las rebajas. Esas que llevo esperando desde el día que me concedieron la becamami “Por fin, en enero, podré ir a las rebajas el primer día y sentirme cual compradora compulsiva esperando la apertura de puertas, como esas marujas que salen en la tele”.

MEC ¡Error!

Por un problema de logística, bueno, por un problema de vaguería extrema, nos levantamos tarde, por consiguiente, Vega llegó tarde al cole y yo llegué tarde a las rebajas. Quien dice tarde, dice las 11:30 de la mañana. Pero sí, ya era tarde.

Un millón de personas y juro que no exagero ni una mijita, habían madrugado más que la menda y paseaban su bonito trasero mientras veían trapitos con un 30, 40 e incluso 50% de descuento.

Eso es lo que rezaba en la cartelería de los escaparates de cada una de las tiendas, porque una vez dentro sólo se veía una marabunta tumultuosa de gente y prendas de vestir,  pasillos llenos y atascados, colas kilométricas en probadores y cajas, dependientas a lo Benny Hill ordenando el desaguisado. Y en medio, de toda esa locura, yo con el carro de Ethan.

Como mujer precavida vale por dos, deshice el camino recorrido y volví al coche donde me esperaba el complemento ideal para situaciones extremas y no tan extremas: la mochila portabebés.

Gracias a ella pude recorrer el centro comercial de cabo a rabo. Sin obstáculos y sin atropellos. Y, tras casi tres horas de paseo ininterrumpido, llegué a las siguientes conclusiones:

1) Las rebajas, como estudio sociológico, puede ser un gran tema para tesis doctoral. ¿Cómo influyen los descuentos en los seres humanos? ¿cuáles son las causas que provocan ciertos comportamientos? ¿qué tipo de personas recurren a ellas?.

2) Los niños mayores de un año o que ya sepan caminar no son recomendables. A no ser que seas masoca y te guste escuchar el nombre de tu hij@ por megafonía mientras te da un paro cardíaco.

3) El grado de agresividad de la peña va directamente proporcional con el porcentaje de descuento de la prenda en cuestión. Y, sino, que se lo digan a la pobre dependienta de una conocida tienda juvenil que se tuvo que meter a probadores porque una clienta malhumorada la amenazaba O_O.

4) La imagen idílica de Pilar Rubio disfrutando de las rebajas en el Corte Inglés dista mucho de la realidad.

5) Y, por último, pero no menos importante. De hecho, es la conclusión principal, la madre de las conclusiones:

Una servidora no vuelve a pisar una tienda, los primeros días de rebajas, ni aunque la maten.

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